Inicio / POPULARIDAD VS. LEGITIMIDAD
Las métricas más recientes del uso de redes sociales en Colombia (febrero de 2025) confirman que no todas pesan lo mismo en la vida digital de los ciudadanos. WhatsApp lidera con un 32,7 % de preferencia, seguida por Instagram (21,1 %), Facebook (18,2 %) y TikTok (16,9 %). El resto apenas alcanza porcentajes poco significativos.
Este panorama debe ser interpretado con atención por quienes aspiran a cargos de elección popular o por quienes ya los ejercen. En WhatsApp se construye confianza: por allí circula información familiar, de barrios y comunidades. Ignorarla es un error estratégico. Instagram se mantiene como vitrina, donde lo visual permite mostrar cercanía y estilo, claves para cautivar a públicos urbanos y jóvenes. TikTok, aunque está en cuarto lugar, es la plataforma de mayor crecimiento, con capacidad de conectar con el electorado juvenil a través de mensajes frescos y virales. Facebook conserva valor en audiencias maduras y comunitarias.
Para los gobernantes en ejercicio, las métricas revelan dónde debe jugarse la percepción de su gestión. Una estrategia de comunicación efectiva no puede tratar a todas las plataformas por igual. Instagram debe servir para transmitir transparencia y cercanía; WhatsApp, para consolidar confianza y legitimidad territorial; TikTok, para conectar con nuevas generaciones; y Facebook, para mantener la interlocución con bases sociales que siguen activas.
Sin embargo, conviene advertir un error frecuente: algunos candidatos, gobiernos y gobernantes interpretan equivocadamente la alta interacción digital como señal de aprobación ciudadana. Ser tendencia en redes sociales no equivale a respaldo popular; puede reflejar tanto un logro como una crisis o una avalancha de críticas. Confundir visibilidad con aprobación lleva a decisiones erradas y a una lectura equivocada de la realidad política.
Aquí surge una verdad incómoda: popularidad no es legitimidad. Estar en redes no significa estar elegido y, mucho menos, estar gobernando bien. Tener “likes” no es tener respaldo. Ser tendencia no es ser aprobado. Es claro que candidatos a corporaciones públicas y gobernantes en Colombia repiten el mismo error: confunden bulla digital con apoyo ciudadano. Se enorgullecen de interacciones, hashtags y menciones, sin advertir que muchas veces esas cifras provienen de la crítica, el rechazo o la burla.
Para terminar, la política no debe ser una vitrina de vanidades. La verdadera legitimidad no se mide en la nube, ni mucho menos solo caminando la calle. Está en la conexión que se genera en esta última, producto de la solidez de las decisiones y de la credibilidad que sostienen los hechos. Más claro: para los gobernantes, esa es la frontera entre gobernar de verdad o quedar atrapados en la ficción de un aplauso virtual.
Consultor en Marketing Político