Inicio / ENCUESTA ATLAS – SEMANA: SONDEO BAJO SOSPECHA
Por esta época es común que el resultado de las encuestas acapare titulares y cope la conversación mediática. Es así como los ansiosos seguidores de la política, lo primero que hacen, es ocuparse de ver el resultado representado en tortas, barras y curvas, que son, al parecer, lo que más les interesa. Sin embargo, más importante que los resultados que se muestran y se leen es la forma como se obtienen. Si el método para obtener un resultado es débil, las conclusiones también lo serán.
Así las cosas, la reciente y autodenominada “encuesta” de AtlasIntel (9 de abril de 2026), para la revista Semana, sobre favorabilidades electorales para la presidencia de Colombia, presenta un escenario llamativo. En síntesis, un candidato lidera en primera vuelta, pero perdería en segunda. Inicialmente, los resultados parecen traer información valiosa. Pero, al ahondar en cómo se construyó la “encuesta”, saltan a la vista varias dudas que no pueden pasar desapercibidas.
La primera y más importante está en la muestra. La información recogida se obtuvo mediante reclutamiento digital, es decir, interceptando cibernautas que en ese momento navegaban en internet. Esta forma es rápida para obtener resultados y barata en términos de costos, pero tiene una limitación grave: no garantiza que todos los ciudadanos tengan la misma oportunidad de ser incluidos. En estadística, se puede afirmar que no estamos ante un muestreo probabilístico verificable.
La anterior evidencia no es menor. Cuando no hay un muestreo probabilístico, no estamos ante una encuesta representativa del electorado, sino más bien frente a un sondeo. Es, a gracia de discusión, que lo producido por AtlasIntel y difundido por la Revista Semana refleja únicamente la opinión de quienes participaron respondiendo digitalmente el cuestionario ofrecido, no permitiendo efectuar inferencias sólidas sobre lo que piensa la población total.
Hay algo más que no debe dejarse de resaltar: en el país no toda la población tiene acceso a internet ni navega en los mismos espacios digitales. Por lo tanto, personas de zonas rurales y de bajos ingresos quedan por fuera de este escenario y se consideran subrepresentadas.
AtlasIntel menciona ajustes estadísticos para corregir estas diferencias, pero ellos no hacen milagros. Si la base de la muestra es débil, las correcciones solo pueden mejorarla parcialmente y pueden no convertirla en una muestra representativa.
Otro tema que inquieta de la presentación de AtlasIntel/Semana es la comparación de resultados, mostrando una evolución de la intención de voto en el tiempo, comparando resultados presenciales con otros online. Esto puede considerarse como impresentable porque cada método produce resultados distintos y, al compararlos, puede dar la impresión de cambios en la opinión pública cuando en realidad no existen.
En el fondo, las verdaderas “encuestas” online pueden ser de utilidad si se manejan con cuidado y transparencia. El problema aparece cuando se presentan como si representaran a todo el electorado, sin aclarar sus limitaciones.
Como enseñanza, podemos manifestar que una encuesta no es solo números, ni tortas, ni barras, ni curvas. Es el resultado de un proceso. Y, cuando ese proceso no es claro, no es verificable o tiene fallas en su diseño, los resultados deben leerse con cautela.
En contexto, desde un punto de vista electoral, esto es especialmente importante porque, más que informar, un resultado mal presentado y mal interpretado puede terminar impactando en la percepción de la realidad. Y ahí deja de ser una herramienta de medición para convertirse en un factor de distorsión.
Estratega en Planeación Electoral