Inicio / CAMINO AL FRACASO
Conocer, entender, transformar y usar la información no son pasos útiles para el éxito de políticos y gobernantes. Son los pilares de una práctica profesional sobre los cuales se construye la sabiduría aplicada a la estrategia política y la gobernanza.
Estos cuatro principios forman un ciclo, no una línea recta. Cada uno alimenta al siguiente, y el último—al usar la información—retroalimenta el proceso.
El primer paso es esencial. Conocer la información significa recolectar datos sobre el entorno político. Este paso está dominado por la “ciencia de datos,” donde la investigación de mercado, los estudios cualitativos y cuantitativos, y especialmente las encuestas con sondeos de opinión, son recursos indispensables, sin los cuales un consultor o asesor político simplemente está adivinando.
La estadística permite saber qué está pasando y cómo anticipar posibles escenarios. Si no se hace bien este paso, el resto del ciclo se desmorona.
El segundo paso es interpretativo, porque tener datos no significa entenderlos. Aquí debe haber lugar para el análisis, la comparación de patrones, la contextualización y, sobre todo, la capacidad de leer lo que no está dicho explícitamente. La “ciencia de datos” sigue siendo crucial, no como un insumo bruto, sino como un lenguaje que hay que saber traducir.
Este es el momento donde el conocimiento se convierte en comprensión y, por tanto, en insumo estratégico.
Transformar la información significa decidir a partir de lo conocido y comprendido. Es el momento en que se pasa de entender el juego a jugarlo. Es la hora de definir la estrategia del político o candidato, o del gobierno o gobernante. Es el tiempo de transformar los datos en una arquitectura estratégica: un plan de acción con objetivos claros y tácticas concretas. Es aquí donde se articula el rumbo de lo que hay que hacer y de lo que hay que decir.
En el caso de políticos en campañas electorales, significa diseñar la narrativa central, segmentar el electorado y priorizar temas y territorios. En el gobierno, implica establecer prioridades de gestión, elegir qué políticas se impulsan primero y cómo se comunican a la opinión pública.
Definida la estrategia, comienza su implementación. Usar la información significa desarrollar las fases estratégicas en tácticas de campaña, comunicación pública, despliegue territorial, gestión de políticas públicas, negociaciones políticas o trabajo con actores sociales.
En este paso se activa el poder político. Es la hora de poner “polo a tierra” y traducirlo todo en decisiones, actos, discursos y negociaciones concretas.
Es aquí donde se consolida el candidato o el gobernante, ya que el desarrollo de la estrategia lo llama a adoptar una forma de liderazgo adaptativo, capaz de aprender mientras compite electoralmente o gobierna en su territorio.
El éxito de todo el ciclo depende de la calidad de los datos, del profesionalismo y la honestidad intelectual en el análisis, de la creatividad estratégica y de la responsabilidad al actuar. Y, como todo en política, también del contexto: no hay garantía de éxito automático. Pero sí hay una garantía de fracaso si se ignora este ciclo.
Especialista en Marketing Estratégico
Cali - Colombia
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