Inicio / PROMESAS SIN CÓMO
La política colombiana, en estos días, no enfrenta solamente una mediocre confrontación de propuestas, sino una crisis de comunicación. En medio de debates y entrevistas, observamos aspirantes presidenciales con programas extensos y, detrás, equipos técnicos robustos que, paradójicamente, no conectan, perdiendo la posibilidad de votos por no saber hacerse entender.
Recientemente, La Profe Mónica, en su cuenta en X, sintetiza con agudeza tres fallas recurrentes en la comunicación electoral que merecen atención por parte de todo el ecosistema político.
La primera es el uso excesivo de tecnicismos. Hablar de “reformas estructurales” o de “billones de pesos” puede estar proyectando la imagen de un aspirante muy bien preparado; pero, si “Juan Pueblo” no comprende cómo esas decisiones impactan su vida diaria, el mensaje es un fracaso. En política no se alcanza legitimidad usando una complejidad semántica, sino por la capacidad de traducir lo técnico en beneficios concretos.
La segunda es la dispersión discursiva. En espacios periodísticos o de difusión en redes sociales, foros, debates o conversatorios, donde el tiempo es limitado, muchos aspirantes responden más de lo que se les pregunta y menos de lo que se necesita. Por ejemplo, una pregunta sobre salud no debería derivar en una respuesta sobre educación, energía o macroeconomía. Es aquí cuando la falta de foco transmite evasión: el ciudadano o votante no busca una tesis; quiere claridad y pertinencia.
La tercera es la ausencia de precisión. Regularmente, los aspirantes prometen “cambiar el país” o “luchar contra la corrupción” sin explicar el cómo, y es ahí cuando el discurso se convierte en una propuesta vacía. Muchas veces, cuando el entrevistador, moderador o conductor periodístico insiste en el “¿cómo?”, no está incomodando: está cumpliendo con su función.
Corregir estos errores no implica caer en el extremo contrario. Sustituir el tecnicismo por vulgaridad, gritos o frases amenazantes y vacías tampoco acerca el liderazgo al pueblo; eso sí, erosiona su autoridad institucional. La ciudadanía no necesita palabras rebuscadas ni un vocabulario arrastrado. Necesita lenguaje claro, respetuoso y comprensible.
El señalamiento de La Profe no es menor: es una advertencia estratégica. Por ello, invitamos a quienes integran el ecosistema político —candidatos, equipos de campaña, periodistas, editorialistas, gobernantes, gobiernos, asesores y consultores— a ver el video que motiva esta reflexión y a seguir su cuenta en X (@LaProfeMonicaH), donde desarrolla estos planteamientos con mayor profundidad.
Finalmente, la gente no vota por quien habla más complejo ni por quien suena más estridente, sino por quien logra hacerse entender. En tiempos de alta desconfianza y saturación informativa, comunicar bien no es un accesorio de campaña ni de gobierno; es una condición de legitimidad democrática.
Consultor en Marketing Político