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De manera silenciosa, la política electoral colombiana transita por una profunda crisis. Algunos de los que la practican han renunciado a pensar con rigor, olvidando que, en esta actividad, se debe sentir con responsabilidad. Muchos prenden el piloto automático, operando desde la inercia, recurriendo a fórmulas desgastadas y ofreciendo soluciones que no impactan la complejidad de los problemas ciudadanos. Esa limitación emocional e intelectual es un claro error de quienes aspiran a dirigir y gobernar en el país.
Los que se ubican en este marco mental dejan a un lado el liderazgo y se limitan a cumplir un trámite, adelantando campañas electorales mecánicas, actuando como autómatas y haciendo evidente su incapacidad para imaginar nuevos caminos. Es la indiferencia disfrazada de eficiencia, cuando en realidad es una forma de irresponsabilidad pública.
En la medida en que la ciudadanía exige, los dirigentes deben recuperar su capacidad de sentir para conducir con acierto. Esta exigencia obliga a que quienes dirijan o gobiernen no teman dudar, analizar y redireccionar, pues solo así pueden entrar en el pensamiento estratégico. Seguir dependiendo del “piloto automático”, operando como autómatas, no solo debilita la gestión, sino que erosiona la confianza y desconecta a la gente de la política.
Hay otro aspecto crítico: los discursos racionales sin contenido emocional ya no movilizan a nadie. La gente pasa de oír a escuchar solo cuando identifica un sentido, un símbolo, un valor o algo que la conecte con su vida real. No percibir o ignorar esta realidad es uno de los errores que cometen gobernantes en ejercicio y aspirantes en campaña.
Por eso, quienes deseen dirigir, o gobernar, deben rodearse no solo de consultores o estrategas capaces de construir y conducir estrategias de comunicación creativas, sino de comunicadores competentes y sensibles al contexto, que entiendan que las emociones no compiten con la razón, sino que la habilitan.
Finalmente, hay una invitación a gobernantes y candidatos a abandonar el piloto automático. Gobernar y dirigir exige pensar, sentir y decidir con plena intención. Todo lo demás es inercia. Y la inercia no sirve; hay que construir una política que vuelva a conectar con las personas.
Consultor en Marketing Político