Inicio / EL SECRETO DEL ATAQUE POLÍTICO
En comunicación gubernamental y campañas electorales, el ataque político suele ser malinterpretado. No se trata de mostrar agresividad verbal ni gestos altisonantes o estallidos emocionales. El verdadero ataque es una acción estratégica, planificada y orientada a un solo propósito: desplazar al adversario de la posición dominante que ocupa en la mente de la ciudadanía o del electorado.
Un ataque estratégico solo es válido cuando dos políticos o candidatos disputan el mismo espacio mental, donde uno de ellos lidera con claridad y quien va segundo tiene suficientes argumentos para desafiarlo. En ese escenario, atacar no solo es conveniente: es imprescindible.
Muchos cometen el error tradicional de golpear la debilidad conocida del rival. Esa táctica fracasa por razones simples: el candidato atacado ya se preparó para defender su debilidad, y sus simpatizantes lo aceptan tal como es. En consecuencia, ese ataque le resbala.
El camino eficaz es más estratégico y menos intuitivo: atacar la fortaleza del adversario, pues toda fortaleza encierra una debilidad implícita. La clave está en identificarla y exige investigación rigurosa: saber exactamente qué es lo que su público valora y descubrir el punto de ruptura escondido en esa misma virtud.
Por consiguiente, el ataque político efectivo es, ante todo, una operación conceptual, no emocional. Requiere disciplina, claridad estratégica y una campaña monográfica enfocada en un único punto de quiebre.
Finalmente, un ataque político no se gana golpeando la debilidad de su rival, sino donde está su mayor fortaleza. Ese es el verdadero secreto del ataque político.
Consultor en Marketing Político