apuntes

DISPARAR AL MENSAJERO

Viernes, 19 de Septiembre del 2025
3 Vistas

En el ecosistema político contemporáneo, las encuestas electorales han adquirido un protagonismo desmedido. Se las presenta como predicciones infalibles, cuando en realidad son estimaciones probabilísticas sujetas a márgenes de error. Esta sobreventa de su precisión ha fomentado una fe casi religiosa en sus resultados y una disposición semejante de fervorosa a culpar a los encuestadores cuando las proyecciones no coinciden con los desenlaces electorales.

Casos emblemáticos —como la campaña presidencial de Hillary Clinton, donde las encuestas le daban un triunfo abrumador, que no lograron captar la intensidad del voto silencioso a favor de Donald Trump; o las elecciones argentinas, en las que las mediciones anticipaban una contienda reñida entre Mauricio Macri y la oposición, arrojando un resultado final de amplia victoria del primero, con una diferencia de 16 puntos— han sido utilizados para desacreditar a toda la industria de la investigación de opinión. En especial las encuestas políticas de intención de voto.

Lo anterior refleja más una falta de comprensión sobre la naturaleza de las encuestas electorales que una deficiencia inherente a ellas. Las encuestas son herramientas legítimas y valiosas para identificar tendencias, estados de ánimo y climas de opinión, pero nunca han sido oráculos, y mucho menos representan una verdad absoluta.

El problema no radica en las encuestas, sino en cómo se interpretan y utilizan. Convertirlas en instrumentos de triunfalismo —auténtico o fabricado— para influir en votantes indecisos degrada tanto el debate público como la credibilidad de quienes las promueven. A esto se suma la escasa formación técnica de quienes las consumen, difunden o incorporan equivocadamente a la estrategia política.

En una era dominada por la posverdad, donde los datos son manipulados para reforzar narrativas preexistentes, resulta urgente no solamente profesionalizar el uso de la investigación de opinión, sino también a quienes las consumen. Por supuesto, ello implica complementar las encuestas con otras metodologías —análisis de discurso, segmentaciones psicográficas, focus groups o estudios de clústeres— y, sobre todo, interpretar y asumir con rigor sus limitaciones.

Culpar a quienes hacen las encuestas por un desacierto electoral es, en el fondo, disparar al mensajero. Para quienes participan, analizan o comunican en política, el desafío es aprender a interpretar con criterio la incertidumbre inherente a todo estudio de medición social. Solo así se podrá pasar de la bulla a la comprensión real, y de la manipulación a la verdadera inteligencia política.

Mauricio Mejía López

Asesor Político

Volver a Noticias

ESTRATEGIA-O-CAOS
Visto: 1 Veces.
ESTRATEGIA O CAOS
Una campaña electoral no la gana el que más habla,..
C.N.E.-ACREDITA-A-MMEDICIONES-S.A.S.
Visto: 2 Veces.
C.N.E. ACREDITA A MMEDICIONES S.A.S.
En el mundo político actual, donde la información define estrategias..
ENTRE-EL-SER-Y-EL-PARECER
Visto: 2 Veces.
ENTRE EL SER Y EL PARECER
En la política moderna, la comunicación ha dejado de ser..
DESCONECTADOS
Visto: 2 Veces.
DESCONECTADOS
El ecosistema digital del país confirma que los colombianos vivimos..