Inicio / LA AGENDA AL FINAL DE LA CAMPAÑA
En una campaña, aunque la comunicación interpersonal es el canal de persuasión más efectivo, el candidato debe distribuir su tiempo de la mejor manera posible. Por eso, quien organice la agenda necesita criterio para administrar el recurso más valioso: el tiempo del candidato.
Al final de una campaña, el tiempo tendrá que distribuirse en manifestaciones públicas, reuniones con grupos significativos y electores individuales; presencia en medios; traslados; preparación de intervenciones, entrevistas, debates y foros; responder llamadas; caminatas y colecta de fondos económicos, si es del caso. En este tramo, la agenda debe sustraer actividades poco productivas.
Claves para programar una agenda eficiente:
Estratégicamente, la agenda debe permitir que el candidato esté en el lugar programado y a la hora prevista. Debe priorizar reuniones con miembros de la coalición electoral y reducir solicitudes espontáneas de última hora, frecuentes en el cierre de campaña.
La dosificación del tiempo en la calle es esencial. No debe malgastarse en actividades improductivas ni en visitas inesperadas, llamadas telefónicas o eventos sociales sin relación con los temas electorales.
La responsabilidad de programar la agenda no debe entregarse a cualquier persona. Quien la asuma debe conocer el electorado, las coaliciones y sus compromisos; identificar líderes de organizaciones que acompañan al candidato; conocer la división electoral; los equipos de campaña; los medios y periodistas, y también a la familia y el entorno cercano del candidato.
Al final de la campaña, la agenda del candidato es diferente a la del aspirante. Inscrito formalmente, las dinámicas cambian y quedan atrás el alistamiento y la precampaña.
Finalmente, no camine hacia el fracaso. Buscar recursos, votos, alistar el día “D” y generar material para los medios son las ocupaciones centrales de la recta final.
Consultor en Marketing Político